Hasta el día de hoy, la televisión ha sido una de mis grandes pasiones, y todo gracias a que mi abuelita me llevó a audicionar en 1974 para la que sería la primera telenovela infantil en México. Quién iba a decir que me seleccionarían para formar parte de las alumnas del colegio de monjas de la historia y una de las compañeritas de Graciela Mauri, la protagonista. Nadie, pero nadie se imaginaba el éxito que tendría la telenovela, ni que de 60 capítulos la extenderían a ¡612!

Casi tres años duró nuestro “Mundo de Juguete”, que un día como hoy, el 25 de febrero de 1977, llegaría a su fin con la transmisión de su último capítulo.

Allí conocí y conviví con actores que por mi corta edad no sabía de su importancia y trayectoria. Y no hablo sólo de Irán Eory, Ricardo Blume, Irma Lozano, Evita Muñoz “Cachita”, o de Gloria Marín y doña Sara García, grandes figuras de la época de oro del cine mexicano. Me refiero a otros famosos que llegué a ver aunque fuera de lejos, y que también trabajaron en algunos de los capítulos, como María Antonieta de las Nieves, Florinda Meza y Edgar Vivar (cuando ya eran famosos en El Chavo del 8).

O figuras como Cuco Sánchez, Ana Bertha Lepe, Andrea Palma, Polo Ortín, Sergio Ramos, Gustavo Rojo y Manolita Saval.

A ciencia cierta, no sé cuándo comenzó mi gusto por las cámaras, sólo me acuerdo que de niña jugaba a hablar en público utilizando un cepillo para el pelo.

Mi inquietud por hablar en público no sólo era en mi propia casa, también lo llevaba a la escuela, donde siempre trataba de ser la maestra de ceremonias en cualquier evento que realizaran.

Ese gusto por llegar a la gente lo vio en mí mi abuelita, quien fue la que me llevó a un concurso de Televisa en el que buscaban el elenco para “Mundo de Juguete”.

Yo soy la del centro, justo atrás de Graciela Mauri, la protagonista, en uno de los descansos de las grabaciones.
Sí, yo soy la de abajo.

En la novela no quedé como protagonista, pero el formar parte del elenco me permitió entrar en ese ambiente, el “cámaras, acción”, fue algo que se quedó en mí y desde entonces quedé prendida de la televisión.

Esa experiencia dejó una gran huella en mí y marcó por siempre mi vida personal y laboral.


Mi abuelita tenía fe en mí y sentía la corazonada de que yo podía hacer algo en televisión. Y al quedar como parte del elenco, le di la satisfacción de cumplirle el sueño que ella anhelaba para mí, y que sin quererlo, marcó un camino en mi vida, aunque no llegó a verme como una profesional que ahora soy. Pero gracias a ella, he aprendido y me he divertido en este maravilloso mundo de juguete que es la televisión.

Aquí una entrevista donde hablo sobre la novela Mundo de Juguete

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