Pocas cosas me han dado tanta fuerza y valor como este movimiento de denuncia en las redes sociales llamado #MeToo, nacido a raíz de las múltiples denuncias en contra del productor de cine Harvey Weinstein, en el que mujeres de todo el mundo están compartiendo sus historias personales de acoso, como una forma de frenar el hostigamento y el asalto sexual del que todos hemos sido víctimas de parte de hombres que se sienten con el poder de humillarte y aprovecharse de ti.

Sí, #MeToo. Me incluyo porque el ver este de grito de guerra de las mujeres me ha dado la fuerza para confesarles que como ellas, también he vivido no una, sino dos horribles experiencias cuando apenas comenzaba mi carrera aquí en Estados Unidos.

Yo tendría 17 o 18 años cuando me dieron mi primera oportunidad de trabajar en la radio. Luego de ahí me recomedaron para otro en otra estación en San Antonio, Texas, donde me dieron una cita con el programador, que me recibió y me pasó a su oficina para entrevistarme, o por lo menos eso fue lo que creí.

Lo primero que me preguntó fue si tenía pasaporte y si podía salir del país. Yo pensé que lo decía como una forma sutil de averiguar si yo estaba legalmente en Estados Unidos, pero no fue así.

De manera directa me dijo que tenía un boleto extra para ir a Cancún, que planeaba irse con un amigo pero que éste no podía acompañarlo. Y me invitó a irme con él. Me puse nerviosa, lo primero que se me ocurrió responderle fue que mi familia era muy celosa y que tendría que ir acompañada por alguien. Al escuchar lo que le contesté enfureció y me gritó: “¿Entonces qué haces aquí? ¡Lárgate!”. Y me sacó de su oficina casi a patadas”. Me sentí muy muy mal, su reacción fue horrible. Salí temblando, yo estaba bien jovencita. Fue bien feo.

Como muchas, sé que hice mal en callarme el acoso, pero ahora es tiempo de hablar
Como muchas, sé que hice mal en callarme el acoso, pero ahora es tiempo de hablar

A la salida me topé con los que eran los jefes de la estación y le conté a la esposa del dueño lo que me había pasado y quedaron en hacer algo, pero fue mentira, no hicieron nada en contra de su empleado.

La segunda ocasión que fui víctima de acoso fue justamente en otra estación de radio donde me contrataron de part time. Ahí mi jefe era el director de programación. Era un hombre que una vez que entré a trabajar comencé a notar como que aprovechaba cualquier oportunidad de entar a mi cabina donde trabajaba poniendo la música.

Luego fueron más evidentes sus intenciones de estar a solas conmigo, hasta que comenzó a tratar de toquetearme y de acariciarme la boca, y no fue sólo una vez, se convirtió en un acoso constante, horrible. Yo tenía ya 18 pero no tenía la madurez suficiente para denunciarlo. Como muchas mujeres, sentí miedo de perder el trabajo y que todos se enteraran o no creyeran en mí porque él era el jefe.

¿Pero saben qué fue verdaderamente lo peor? Que otras mujeres que trabajaban ahí se daban cuenta de lo incómoda que me hacía sentir este hombre y en lugar de hacer algo, hacían comentarios de burla en contra mía. En lugar de ayudarme hicieron todo lo contrario, y eso, amigos, en nuestro medio ocurre muy seguido.

Hace poco me encontré en un evento en Los Angeles con el primero que me acosó. Ahora trabaja en una disquera y en ese momento estaba acompañado. Tal vez fue la madurez o el hecho de querer arrancarme esa impotencia y humillación que he llevado por muchos años, que me armé de valor y fui y le dije unas cuantas verdades delante de las personas.


Lo hice porque me desarmó totalmente como persona y como mujer, me hizo sentir miserable y me dio una impresión equivocada de lo que es un ambiente de trabajo. Yo estuve a punto de arruinar mi carrea por su culpa, me hizo pensar que aquí era igual que en México y en otros lugares donde lamentablemente es muy común escalar en un empleo cediendo ante los deseos de hombres como éste. ¿Y saben qué?, se quedó callado. Se merecía el show que le armé porque estoy segura que ha acosado a otras mujeres.

Y así fue como por poquito y me dedicaba a otra cosa y no al espectáculo. Ambas experiencias fueron bien feas, y con el tiempo más dolorosas; pero ahora que muchas mujeres me han hecho sentir que no estoy sola, me atreví a contárselas.

La moraleja de todo esto, amigas, es que no tienen por qué quedarse calladas y aguantarse el acoso de nadie, no importa quién sea ni el poder que tenga. Nunca es tarde para hablar.

¿Y saben qué? Ahora que se los compartí, me siento mucho mejor.




7 COMENTARIOS

  1. Q bueno q te desidiste hablar lastima q tardaste tanto espero q ahora con este movimiento mucho más personas lo hagan sobretodo las jovencitas ya q que les da terror hanblarlo yo les digo a mis hijas q si pasa algo me lo digan q yo siempre les voy a creer y q no están solas

  2. Muy bien por ti Anita , ese medio donde te mueves es muy fuerte y siempre hay tiburones a la casa, , muchos saludos y hiciste muy bien de ponerlo en su lugar

  3. Cuánto lo siento niña en ocaciones no e estado de acuerdo con algunos comentarios tuyo pero e sido muy sinsero en mis comentarios y lo único que nunca voy a perdonar es que se aprovechen o humillen ni se aprovechen de ninguna mujer sea quien sea de cualquier país raza o religión dique a delante y nunca te calles

  4. Eso y más cosas me han pasado a mi pero te felicitó Ana porque eres muy querida y respetada por muchas mujeres por cómo trabajas y por salir adelante siempre …Dios te bendiga!

  5. que bueno por ti…espero que de ahora en adelante te sientas liberada. Pero siempre recuerda, en la clase de trabajo que tienes, siempre anda vigilante y conversa con las jovencitas sin experiencia. Ademas, cuida lo del chisme de espectaculo, no sirve ningun proposito. Cierto, da ratings, pero eso aveces tambien es una forma de bullying en contra de quienes tienen una vida publica. Te deseo lo mejor que la vida pueda ofreerte. Dios te bendiga!

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