¿Me ayudas con la mudanza? ¿Me prestas dinero? ¿Me das un “ride” al aereopuerto? Continuamente enfrentamos situaciones en las que nos sentimos comprometidos a decir si, cuando realmente queremos decir ¡no, no quiero! ¿Por qué nos sentimos tan comprometidas a complacer a otros? Básicamente tenemos terror a que alguien piense que somos “mala gente” y nos deje de querer. Además de que el sentido de culpabilidad nos tortura.




Deberíamos sentirnos culpables si intencionalmente hacemos algo mal, pero cuando alguien nos pide un favor y no podemos realizarlo porque no tenemos tiempo, dinero, o ganas, no hay razón para sentirse así, pues no hemos hecho ningún daño. Recuerda que tú eres la persona más importante en tu vida. Para dar lo mejor de ti, es esencial poner tus necesidades en primer lugar. Cuando quieras decir “no”, y no te atrevas, sigue estos pasos:

1) Gana tiempo: En vez de decir no inmediatamente, utiliza estas palabras: “Dame tiempo para pensarlo”,  “No estoy lista para tomar una decisión ahora”,  “Te dejo saber luego”. Respuestas como éstas te dan tiempo para tomar una decisión beneficiosa para ti. Además, al no dar una respuesta rápida, la otra persona se verá obligada a buscar otra “víctima”.

2) Crea “reglas”: Es decir, si alguien te pide un favor para el domingo, dile: “Lo siento pero en nuestro hogar tenemos una “regla” que este día es para compartirlo en familia”. Y si estas presionada por un vendedor, dile: “Mi esposo y yo tenemos una regla de no tomar decisiones hasta que ambos lo hayamos hablado”

3) Evita dar largas explicaciones o excusas- Si explicas en detalles, te pones en una posición vulnerable porque la otra persona puede tratar de buscarle solución a tu problema para que le puedas ayudar. Por ejemplo, si un amigo te invita a una barbacoa y no quieres salir pero  dices que no puedes ir porque tienes que cuidar a tus sobrinos, tu amigo te puede decir: “Perfecto, ¡trae a tus sobrinos, tengo helado para ellos! Complacer a otros debe ser un placer y no una obligación. Cuando digas sí, hazlo porque te hace sentir bien a ti, y después a los demás.

María Marín




¡Así es el hombre perfecto!

 




 

¡Árbol que nace torcido jamás su tronco endereza!




María Marín: Amor de lejos ¿felices los cuatro?