Amigos, pues lo que era un secreto a voces era totalmente cierto: Rafael Amaya se creyó tanto su papel de El Señor de los Cielos, que según reconoce ahora, estuvo “cegado por el manto oscuro de la drogadicción”.

Luego de desaparecer, incluso dejando inconclusa su participación en la popular serie de Telemundo, el actor volvió y dio la cara ante su público.

Julio César Chávez, quien posa con su esposa y con Amaya, es dueño del centro de rehabilitación en donde el actor fue internado. Foto: Instagram / aurelio_casillastv

Amaya habló en exclusiva, sin tapujos, con People en Español, en una entrevista en la que revela que estuvo internado cuatro meses en la clínica de rehabilitación Baja del Sol, propiedad del ex boxeador Julio César Chávez.

Y que la persona que prácticamente lo internó al ver lo deteriorado que estaba, fue su compadre y amigo Roberto Tapia.

Chávez dijo a People en Español que cuando Amaya llegó a la clínica, estaba “un poco sicótico, todavía creyéndose El Señor de los Cielos”, pero que su evolución ha sido increíble.

Su compadre y amigo Roberto Tapia fue quien los ‘engañó’, citándolo para un dizque súper proyecto, y ahí lo convenció de internarse. Foto: Instagram / aurelio_casillastv

El actor cuenta que estuvo vagando por Europa, Centro y Sudamérica disfrazado para que no lo reconocieran. Y que llegó el punto en el que se creía superior a todos.

“Los buenos amigos ahí están siempre, pero como no tomaban ni estaban en la fiesta ni tenían carros lujosos ni yates ni nada, pensaba que no estaban a mi nivel. Imagínate las babosadas en las que estaba pensando”.

El actor dice que de nuevo volvió a nacer y que quiere dar fe de cómo le salvaron la vida.

“Ya subí, bajé, me caí, me volví a levantar. Estoy sin tapujos y sin máscaras, sin mentiras hablando con ustedes”.

El actor, quien posa con Jorge Bernal, dijo que “estaba cegado por el manto oscuro de la drogadicción”. Foto: Instagram / aureliocasillastwork

Amaya reconoce que no sólo se hizo daño a sí mismo, sino a sus seres queridos, a su familia y a su trabajo.

“Perdí mi paz interior, el amor que le tenía a mi familia, a mi trabajo. Poco a poco me fui sumergiendo en el fango oscuro del alcohol y las drogas, viviendo todos los excesos posibles habidos y por haber”.

Incluso, dijo que sentía tan solo, que creía que lo había perdido todo, que su vida no valía y que fue un error haber sido actor.

“Ahora siento que me quitaron la venda de los ojos”, aseguró.

 

 

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